Emancipar el amor
¿Existe un buen y un mal amar? De una charla entre amigos a Erich Fromm y la sabiduría del Sumaj Yuyay. Mi recorrido personal sobre el amor como arte. ¿Sabemos querer bien?
REFLEXIÓN
Juan David Reyes Páez
1/7/20264 min read
Ayer tuve una conversación nutritiva, de esas que dejan preguntas que abren nuevos campos al diálogo. Jone, con un buen cuestionamiento, motivó este texto.
Estábamos jugando con unas cartas que me encanta llevar en el bolsillo para conocer gente nueva. La pregunta que salió fue:
¿Qué necesitamos para convivir?
Una de las primeras respuestas fue directa, dada por mi primo Juanchi, todo se resume a tratar a los demás con amor. Si logramos amar, entonces la convivencia estará garantizada, propuso él. De inmediato asentí, me parece que es un buen principio de vida. Desde esa intención se inicia un buen relacionamiento.
El diálogo continuó en esa dirección, hasta que Jone preguntó:
¿Acaso existe un buen amar y un mal amar?
Esa contrapregunta desafió la idea de que el amor siempre es bueno para llevar a una buena convivencia. Fue un detour intelectual que me encantó.
Amor filial emancipado
Tras el juego de cartas, de regreso al Airbnb quedé pensando en esa distinción. El solo hecho de reflexionar sobre el "mal amar" me invitó a redefinir esta facultad. El nuevo camino de pensamiento, me llevó a unir algunas ideas.
Pensar que se puede amar mal, me invitó a definir qué es el amor. Un ejemplo evidente, que conversamos durante el juego, se refiere al mal querer de la posesión de una persona a través del vínculo de pareja. Se confunde usualmente el amor con las ganas de controlar.
Jone nos compartió el caso de una amiga, que para decidir la emancipación de sus padres, llegó a la conclusión de que quería quedarse con su madre. Pues a pesar de que su padre la amaba como hija, no la quería bien. “Sé que me quieres, papá, pero no me estás queriendo bien.” Imagino que algún momento le dijo.
De esa historia que nos compartió Jone es que estas dos amigas hoy se dicen “te quiero bien”, una mejor versión del “te quiero mucho”. No es cuestión de la intensidad, sino de la integridad del amor.
El arte de amar
María Luisa fue un amor breve pero muy significativo. En 2017 exploramos el amor de forma casi científica. Nuestras citas favoritas eran leer en voz alta el libro El arte de amar de Erich Fromm. Mi forma de ver la palabra pasión cambió cuando se contrasta con el amor pasivo, es decir, llevado por la pasión. Parece casi un oxímoron.
Yo entendía la pasión como ese fuego anhelado, que posee a los amantes. Un amor apasionado teñido de colores cálidos. Sin embargo, una de las ideas principales del libro es que un amor más maduro es aquel que se practica como una decisión. Al ser una acción, tenemos la posibilidad de perfeccionarla.
Nadie juzgaría a una niña si es la primera vez que crea un programa de radio. No se le juzgaría si comete errores en sus primeras emisiones. Seguro que con el paso de los años lo hará mejor. Podemos pensar fácilmente en actividades como montar en bicicleta o tocar un instrumento que se perfeccionan haciéndolas. Así mismo se puede decir del amar, podemos amar bien, ser capaces de amar bonito.
Fromm proponía cuatro componentes fundamentales. Para mí hacen sentido en este orden de pares: Conocimiento y Cuidado, no puedo cuidar lo que no conozco. Responsabilidad y Respeto, respondo a las necesidades del otro para aceptarlo tal cual es.
Debo confesar que en mi segunda lectura de este libro con Laura, mi última pareja, la teoría se sintió cuesta arriba. Tuvimos una aproximación más teórica que práctica. Durante los años que duró mi relación con ella, falté a más de uno de esos pilares del amor maduro.
Sumaj Yuyay
Durante un retiro que hice con honguitos en septiembre, intencioné esa terapia para abrirme a una nueva etapa de amar bonito. Acudí a la psilocibina como medicina para atravesar una dolorosa ruptura amorosa.
Amé mal a Laura. Me desvié en la senda del Sumaj Yuyay, como los indígenas del Valle de Sibundoy llaman al pensar bonito:
Pensar bonito para que la palabra sea dulce, para que el corazón se alegre, para que el camino se aclare.
Hablar bonito para que el aire se limpie, para que el hermano se sane, para que la vida florezca.
Actuar bonito para que la huella sea firme, para que la tierra descanse, para que el amor sea verdad.
Es maravilloso cómo una pregunta puede iluminar donde hubo oscuridad. Cuando el pensamiento se agitaba, me faltó endulzar la palabra para decirle a Laura lo que estaba sintiendo. Me costó darme a conocer en mis necesidades. Pude cuidar mejor mi vínculo. No respeté los acuerdos que teníamos.
Andar cada paso
Al haberme dado espacio a escribir sobre lo que separa el mal querer del buen querer. No creo que exista una respuesta concreta, ni tampoco correcta desde la razón. Quizás unos elementos que sirven de guía como los 4 pilares de Fromm o la secuencia de 3 pasos de la sabiduría ancestral.
Llego a la certeza que en cada vínculo podemos emanciparnos de patrones del pasado y acercarnos a un mejor querer. Para esto la respuesta ya está adentro, sólo debemos preguntarnos si el corazón se siente bien en cada paso que damos.


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